|
También mi infancia
fue una infancia en pie
de guerra; una infancia
de dudas y asperezas,
cuando no podíamos
salir a jugar a la calle
en pantalones cortos,
haciendo malabares
con la pelota y la nocilla.
Entonces venías tú,
vestida de polen
hasta las cejas,
con tu bata raída
de grandes rosas;
y con tres o cuatro
palabras de sutura
separabas los miedos
y las noches.
Y la vida
continuaba su curso
feliz, como si tal cosa.
Y poníamos el mantel.
Preparábamos la mesa.
|