El cuerpo de la lombriz no tiene conciencia dimensional:
no se puede tocar los pies,
no se puede rascar las manos.
El cuerpo de la lombriz no tiene conciencia de límite:
no sabe dónde empieza,
no sabe dónde termina,
no tiene principio ni final.
Poema publicado en el número tercero de "Pecocer, revista para heterodoxos", a mediados del 1940, como "poema referencial". El autor lo recuperó posteriormente para su cuaderno de poemas ferésicos, clasificándolo en la serie temática "Cuerpo".