REVISTA PARA HETERODOXOS — RpH
ISSN: 1697-2074 Número 2002-I. Enero-abril del 2002
http://www.heterodoxos.org/2002-i/creacion/ebb.libertad_estar.html
Gili el que lo lea

Tonto el que lo lea
EMILIO BATISTA BARCÓN:
“Universidad conciencia:
La libertad de estar”
 
...e sembra dire ai contadini curvi
il fischio che si spande in aria:
"Fratello, non temere, che corro al mio dovere:
trionfi la giustizia proletaria."
Francesco Guccini
Tonto el que lo lea.

Pudiera que en torno de los muebles mal clavados
entre caras, brazos, pechos, piernas, sombras, risas,
el enemigo de río con calzas embotadas.
 

El enemigo del artículo más terco,
más leve que la misma inobediencia.
Las paredes en todas las vénulas
por fuera, con colores, con colores que señalan enemigos,
lo gritan.
 

El enemigo de frío y de hierro,
de tenazas. Tú tienes martillo,
tú arpa, tú peonza. Es justo grabar
seis mil millones de nombres en el suelo.
 

El enemigo de sierra, de tijera,
de alfileres derramados. Tú tienes esponja,
tú arado, tú sedal. Es justo dibujar
todas las estrellas en el techo.
 

El enemigo de palo y hojarasca,
costurero de piedra con hilos y flechas
y grandes cruces de muertos comunistas.
Construimos una línea con nuestras manos de plata
tan hermosa que nuestro inmenso pasillo
será de pan y aceite.
 

Tendrá un canto, una moneda, papel cuadriculado.
Insignias conocidas. Vosotras, sabinas,
la túnica os delata.
 

Tendrá frutales y arroyos y calles
a la fábrica, con nuestra casa,
nuestro número de avión,
para rascarnos la piel hasta hacernos llorar
dolor y sangre.
 

Vosotras, sabinas, para todos
trenzáis los bastidores. Las guirnaldas
cuelgan del techo, adornan vuestros hombros,
ahora que nadie conoce
nuestro número de código.
 

Pintando con grasa de animales, con tintes de flores
las paredes, sentados en círculos mano con mano,
barba con barba, toda la cosecha es nuestra. Cabemos,
hablamos, lanzamos textos por las puertas
y las barandas que chorrean ya de lágrimas
y de sangre de Belgrado, nuestra hermana, nuestra hija.
 

Tiramos por la ventana nuestros muertos de aviones,
nuestros muertos condenados. Vestidos con alas de cera.
Siempre supimos
cómo vencer al sol, con alfombras
de violentos comunicados de huelga.
 

Demasiada conciencia.
Conciencia de muerte. Conciencia de espacio.
Conciencia de espacio que fuera, tuviera cicatrices,
hubiera sido la ruina de bombas,
y nuestras piedras, nuestros ríos,
nuestras barricadas.
 

Conciencia de clavos, de muerte por clavos,
de muerte por cruz.
Llegara lentamente mientras tienden ropa en la ribera.
Nuestras nuevas avenidas, nuestros barrios para gente,
nuestro pasillo.
Demasiada conciencia. Conciencia de muerte,
vuestra muerte.
 

Matar por placer, pero sin sangre,
de nuestras manos vacías convertidas
en camisas azules, pañuelos rojos,
y matar y ser felices.
 

Matar con conciencia de asesinos.
Con lápices. Con pinceles.
Haya leyes y leones a las puertas:
habrá puños y canciones
y festivales de vida.
 

Demasiada conciencia de vida
para sentarse, para tocarse,
para hacer grano y convertir el agua en vino.
Háganse los héroes, contaba,
contra nuestro enemigo.
 

Contó que fueran cápsulas de bancos liberados
cuerdas cortadas con frumento de horca.
Hay fiesta de mesas y cocina,
hubiera enemigos derrotados, dedos suaves,
besos con lengua.
 

Pudiera que en torno de los bancos mal clavados,
entre columnas, techos, puertas, azulejos, baldosines,
nuestro sea. Inundación de gozo,
caderas, hombros, uñas, rodillas, pies desnudos
y cerezas en la boca.
 

Nuestro sea. Morir por nuestro el enemigo tendido.
Hoy nuestro de túnicas ligeras,
blancas, piel de caricias, blandas caricias,
rodillas abiertas hoy tengan,
vaginas en los dientes.
 

 
Tonto el que lo lea.

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Tonto el que lo lea.