| Tonto el que lo lea |
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| Tonto el que lo lea |
FREDERIK NIKOLAJ:
“Gruss”
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Título original: Gruss
Numerado en Cuentos del demonio como XCII.
Traducción del original en alemán: Manuel Alcántara Plá
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| Tonto el que lo lea. |
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Por supuesto que no hay modo de hacerse el sorprendido. Estas cosas se saben de mucho antes. Con el tiempo, casi diría que se saben desde siempre. No intento juguetear con lecturas de futuros inciertos o de estrellas malparecidas; al contrario, la lógica es solamente. El poco amado sentido común que a veces se rebela.
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Por eso comento que, aunque no pude evitar poner en marcha una coreografía medio improvisada de gesticulaciones, en ningún instante sentí sorpresa. No aumentaron las palpitaciones ni cuando mi mano se perdió helada al otro lado de la cama, ni cuando no hubo eco que revistiera el buen día, ni cuando mi mirada se malgastó sin ángulo por la ventana al comer.
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Era de esperar. No por nada personal contra mí mismo. Nada especial que reprocharme ahora como novedad. Simplemente lógica. Hay cosas que uno sabe que no durarán nunca, y aunque por un lado es lástima, por el otro casi se agradece. Casi no; se agradece: porque no puedo hacer más que agradecer. Al fin y al cabo, antes no había percibido que mi mirada se pudiera perder (en realidad, que se pudiera aprovechar), y aún menos que el frío de la sábana fuera un asunto pasajero. Ahí no funcionó el sentido común.
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¿Podría haber un momento más inoloro que aquel en que por fin se cumple lo inevitable? Porque yo dormía apenas un segundo antes de que el destino divertido me hiciera estirar el brazo, regusto inquieto de ilusiones.
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Tantos que duermen. Que las inician embadurnados de calor y con el corazón dilatado. La cama a pierna suelta se enfriará una de esas noches.
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Por supuesto que no hay dónde buscar. Ni dónde ni qué. Estas cosas tan sólo desaparecen. Aunque yo no pude evitar desmontarme escaleras abajo, y después odiar mi naturaleza en las bifurcaciones.
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Más de uno me debió ver entonces y sentir la descarga de los objetos metálicos. Ahora es difícil saber si se siente tristeza o ironía, o el dulzón de los recuerdos.
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| Tonto el que lo lea.
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