| Tonto el que lo lea |
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| Tonto el que lo lea |
FREDERIK NIKOLAJ:
“Kerstin”
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Título original: Kerstin
Numerado en Cuentos del demonio como XCII.
Traducción del original en alemán: Manuel Alcántara Plá
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| Tonto el que lo lea. |
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La belleza de Kerstin era indescriptible, y este fue el único problema.
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Cualquiera que estuviera un instante ante ella notaba una sensación extraña, novedosa sí, pero ancestral en sus cualidades más básicas. Sus diferencias provocaban cierto desasosiego, al que me referiré poéticamente como "advertencias".
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Las claras advertencias que emanaban de su cuerpo y, sobre todo, de su comportamiento me permiten mantenerla en el recuerdo con total pureza.
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Sin duda, me arrepiento profundamente del tiempo que pude hacer perder a gran parte de mis alumnos. Aunque ahora no puedo recordar el contenido de mis clases, no puedo imaginarme de otro modo que con la vista nublada, mi mente ajena a mis palabras (deshilachándose mecánicamente) y apenas consciente.
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Menos cuando Kerstin decidía compartirme su aire. Porque ella parecía bucear acorde con mis pensamientos, adelantándose a mis pasos. O esto es lo que imagino ahora.
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Por supuesto que era consciente de su edad.
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Conocí a sus padres pocos días después del inicio del curso. Normales. Interesados en la educación de su hija sin comprender demasiado el motivo exacto. Alegres por sus progresos.
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La superioridad no sólo provoca admiración, sino también deseo. Y Kerstin era muy superior a mí. Quizá ella opinara exactamente lo contrario. Esta idea me surgió de forma automática en el mismo instante en que advertí la consideración en la que la tenía.
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Lo que era un pulso latente para el resto, se convirtió en algo abrupto y violento en mis sensaciones. Esto me dio poder, no solamente sobre ella, sino sobre todos los demás: porque yo sabía el motivo último de sus gestos, de sus palabras.
Cuando venía la niñera a recogerla, sólo yo comprendía sus nervios ante Kerstin. Ni tan siquiera ella lo vislumbraba realmente; con toda seguridad ya se habría inventado razones para tranquilizarse a sí misma. Si algún compañero sentía rabia irracional, sólo yo le tranquilizaba con las palabras adecuadas, porque yo sabía cuál era la causa natural. Yo entendía que las cuerdas vocales de mis compañeros temblaran de un modo especial al pronunciar su nombre.
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Me quita el sueño pensar que probablemente no sea el único. Yo sé lo que significan vuestras miradas sobre ella.
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| Tonto el que lo lea.
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