Gili el que lo lea
ESO NO SE HACE
 
 » Portada general
 » Grupo Pecocer
Presentación
 » Exposiciones
 » Documentos
 » RpH
Último número
Números anteriores
Perfil de los autores
Últimas novedades
En desarrollo
 » Índices
Índice de autores
Índice de títulos
 » Manifiestos
 NÚMERO 2002-I
Querido lector
Entrevista
Creación
Avulón
Vitrina
NÚMERO 2002-I: CREACIÓN  
REVISTA PARA HETERODOXOS — RpH
ISSN: 1697-2074 Número 2002-I. Enero-abril del 2002
http://www.heterodoxos.org/2002-i/creacion/rms.amador.cielo.html
Gili el que lo lea
Tonto el que lo lea
 Rosa María Sexto: "Toma de contacto"
Tonto el que lo lea
ROSA MARÍA SEXTO:
“El cielo según Amador”
 
Fragmento de Amador.
Tonto el que lo lea.

No había visto a nadie marcharse de allí. ¿Dónde estaba el muro sino en la cabeza de sus vecinos? ¿Dónde los guardianes del exterior? Pero nadie lo intentaba siquiera, ni le decían claramente (¡era tan claro!) que se fuera, que allá lejos le esperaba la vida.
 

Varias veces había cejado en su empeño por no lograr una planificación adecuada. ¿Qué debía llevar para un viaje tan extraordinario? ¿Qué podía dejar allí
para que lo recordaran?
 

Aquella noche no pudo dormir bien. Una de las pocas cosas que tenía claras era que el día del viaje debía estar descansado. No podía dormir. Le revolteban mariposas en el estómago y le incordiaba la multitud. De ruidos. A su alrededor.
 

Se daba la vuelta. Abrazaba la almohada -a veces funcionaba. Cambiaba de dirección la mirada, y la volvía a perder en la oscuridad.
 

El amanecer le pilló allí, recorriendo el camino. Tras de sí, las casas se desperezaban
y se abrían tímidamente las primeras ventanas.
 

El Sol iba iluminando con su marea los frutos del campo reverdecido e infantil. Le quedaba mucho camino por delante. No sabía muy bien cómo iba a comer al día siguiente.
 

Para el almuerzo se sentó a un lado del campo y acabó con el pedazo de queso que había tomado prestado como provisiones. Poca comida para toda una vida.
 

Mirando atrás, sólo veía la cuesta que acababa de descender. El pueblo ya no existe.
 

Existo yo.
 

Mirando hacia delante, veía mucha gente, inmensas ciudades y el inicio de una aventura que no terminaría nunca.
 

Un pie, después otro y de nuevo el primero. Corriendo quemándose la cara con el Sol y los pies
con el roce de los suelos. Pero corriendo. Corriendo mucho. Ya podía oler, entre los regustos frutales, maravillas novedosas.
Ya el corazón estaba más tranquilo a pesar del ejercicio. Ya estaban muy cerca los descubrimientos.
 

El primer final de aquel camino empedrado se llamaba Victoria.
 

 
   Copia para imprimir    Perfil de la autora
Tonto el que lo lea.

© Revista para heterodoxos — RpH     
© Todos los derechos reservados a los respectivos autores     
Escribir a la redacción