| Tonto el que lo lea |
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| Tonto el que lo lea |
ROSA MARÍA SEXTO:
“Toma de contacto”
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Fragmento de Amador.
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| Tonto el que lo lea. |
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Cuando recuerda las primeras veces, siente un regusto salado en la boca (mar sucio) y una alegría inefable.
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Se acuerda de María, que fue la mujer que le enseñó que en el mundo de las pasiones todo valía para conseguir los propósitos.
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Se veía en aquella terraza blanca, en aquella casa blanca de aquel pueblo blanco y costero. Orinando a favor del viento y contra el mar que despliega sus azules y verdosidades frente a él. Como diciendo:
ve a mí. Y la arenilla bailándole entre los dedos de los pies y el viento secándole el sudor de la espalda y de las piernas.
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Y María arrodillada sorprendiéndole a base de morderle el trasero con tanta fuerza que después el mar le escocía. Y su boca hábil que ni tan siquiera le deja terminar y ya se había colado entre sus piernas y le había envuelto con su paladar de conchas.
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A menudo era él el sorprendido. De aquella melaza de sabores que se iban mezclando en distintas proporciones. Y la humedad caliente del aire. Y el carácter gaviotesco de María: mujer de futuro escrito en los damasquinados.
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Y sus dientes blancos de gaviota y el azul difuso de sus pupilas.
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Y cuando le incita a engancharla con su miembro por detrás y ella queda con medio cuerpo fuera de la terraza, los brazos extendidos y en movimiento, como si quisiera volar. Mientras él se esforzaba por retenerla una y otra vez.
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Esa era María y María era la felicidad.
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| Tonto el que lo lea.
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