REVISTA PARA HETERODOXOS — RpH
ISSN: 1697-2074 Número 2002-I. Enero-abril del 2002
http://www.heterodoxos.org/2002-i/entrevista/fn.html
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Tonto el que lo lea
 Frederik Nikolaj: Cuentos de miedo
Tonto el que lo lea
ENTREVISTA:
“Frederik Nikolaj, el miedo y el espanto”
Emilio Batista Barcón | Madrid
 

Frederik Nikolaj llega a su cita con Pecocer con su gamulán habitual, puntual y relajado como quien va a una reunión con amigos. El lugar para el encuentro lo escoge sin dudar ni un instante: delante de Serlux, un establecimiento inconfundible especializado en lámparas halógenas.
 

Pecocer: ¿Por qué este lugar para encontrarnos y no un café o algún lugar donde esperar tranquilamente sentados?
 

Frederik Nikolaj: Anoche, nada más llegar, el recorrido del taxi pasó por aquí y este escaparate me trajo muchos recuerdos. Sobre todo de mis primeras creaciones ("performances" le llaman ahora los que empiezan) relacionadas con el miedo. Los halógenos siempre me han parecido terroríficos en sí mismos.
 

P: Recuerdo, sin embargo, un poema suyo de juventud que contenía una referencia al halógeno y al amianto como fuentes de vida. ¿Puede comentarnos cómo se explica, si es que la hay, la contradicción entre su doble concepción, a la vez vitalista y terrorífica? Hay quien la querría entender como trasunto de su propia vida.
 

FN: Sin duda, es trasunto de mi propia vida, y quizá cuestión demasiado extensa para lograr una exposición adecuada en este contexto. Sin embargo, le remito al caso de mi propia obra y le invito a reflexionar. ¿Cuántos teatros se han visto abarrotados en Europa y Sudamérica por mis obras? De todos es conocido. ¿Qué poseían mis obras para tal milagro? Yo creo que nada. Únicamente pánico en estado puro. Únicamente la certeza, también temible, de que la obra se extinguiría tras la actuación. La muerte presente (evocada y presentada de tantos modos) atraía al público efervescente, vivo. Y me atraía a mí, claro está. La vitalidad y el terror son una misma cosa, por muy sutiles que nos pongamos. Son, por decirlo con un término que ahora se entienda, el movimiento.
 

P: El movimiento se demuestra andando (en su caso, es algo absolutamente claro). Siempre hemos sido muchos los que nos preguntamos cúando, o cómo, nació esta relación suya casi obsesiva con el miedo.
 

FN: Efectivamente, bastante gente me ha hecho saber que le curioseaba este asunto. Siempre los nacimientos de aquellos que han creado... En mi caso, no se esperen nada espectacular; al contrario. Aún me sorprende que esta experiencia no sea común a todos ustedes. Nació, en definitiva, a la edad que florece todo lo demás, y lo hizo del mismo modo. Una mañana de pubertad, descubrí la visión temerosa del miedo, y aún ahora me acompaña prácticamente idéntica. Por otro lado, apenas he intentado separarme de él... ¡Qué sería la vida! Me horroriza pensarlo.
 

P: Siempre ha vivido intensamente. O, más bien, siempre ha desafiado a la vida, o a los límites de la vida.
 

FN: Es conocido para mí el hecho de que este mundo está dirigido, ya casi pergeñado, por personas que anulan la vida, entendida en un sentido natural. Alimentación, sexo y muerte no deberían tener la relevancia que se les da hoy día. En su lugar, los actos de comer, de follar y de matar, si se me permiten las expresiones; los ingredientes que conformaban la vida hace apenas unas décadas y que la componen aún ahora en la naturaleza que nos rodea. Ya digo que padecemos un largo proceso de anulación de estos elementos, al menos para la mayoría; la gula, la lascivia y el asesinato llevan ya bastante tiempo siendo placeres permitidos solamente a unos pocos. Pediría revelación y rebelación si creyera en ustedes; no siendo así, me conformo con imponerlos por medio de la sensualidad del miedo. No aplaudo, por supuesto, los pecados capitales por sólo serlos, sino simplemente advierto de que en realidad están ahí: somos nosotros los que dormimos.
 

P: Ahora que menciona la "rebelación", me viene al recuerdo la larguísima polémica que mantuvo con cierto comentarista cultural de un diario español, hace ya años, cuando empezó a tener éxito entre el gran público. Él lo acusaba a usted de ser un "rebelde sin causa", y de ser "de un caradura que da miedo".
 

FN: Si usted lo dice, le creeré, pero créame usted a mí si le digo que no recuerdo en absoluto la polémica que cita. Tampoco me sorprende, claro; el trabajo de los comentaristas, por absurdo que parezca y que sea, es ese: el de hacer comentarios. Son los parásitos, quiero decir, los "beneficiarios", de este mundo de la vagancia general en el que ni siquiera nos dignamos a comentar las cosas por nosotros mismos. Quizá sea porque a los demás se nos imponen cosas mejores para hacer. Recuerdo con satisfacción bastantes polémicas, por la gracia que me causaron. Hay gente maravillosamente retorcida en todos los ámbitos.
 

P: ¿Debo entender que no presta especial atención a las opiniones de la crítica sobre su obra?
 

FN: No, me malinterpreta. Es precisamente lo opuesto: la amplío hasta situarla en la dimensión que le corresponde. Entiendo la crítica como lo que es, y me gusta. Que no llegue a apasionarme es una cuestión circunstancial, porque sí tiene elementos suficientes para motivar mi admiración. Las críticas son juegos de horror vacui, barroquismos, y lo barroco siempre es bello. Quizás debiera decir que no me intereso por la crítica sobre mi obra, sino que sigo el juego de la Crítica universal y maravillosa. Pienso que es una concepción compartida por casi todo el mundo.
 

P: Hay quien le considera un teórico del miedo.
 

FN: Insisto en la idea de la crítica como juego. Su comentario es una prueba, porque me propone una máscara, me ofrece un denso pañuelo malva para cubrir la luz y que se desdibuje mi figura. Y lo hace aquí, apenas a unos centímetros de mí. Me recuerda a Brigitte, una amiga y una gran amante de todos los cuerpos, que en una ocasión, después de dos breves horas de chupeteos ininterrumpidos y de fluidos desordenados, me preguntó si era cierto que yo era el creador más importante de mi generación. Parece que un fin de acto se marca por la recolocación de las máscaras: en un instante se olvidan dos horas de conocimiento. Claro, que usted lleva aquí conmigo menos.
 

P: A propósito del concepto del instante, me surge la pregunta de qué sucedió para que se acercara usted al mundo del instantismo, y, sobre todo, en qué medida influyó en su obra posterior.
 

FN: Esta misma cuestión me la hice yo mismo hace un tiempo. Pero no tiene respuesta, o no del tipo que usted espera. Yo me acerqué al instantismo con mi nacimiento, digo, todos somos instantistas. Si se me quiere diferenciar en algo, se podría decir que soy un filósofo del instantismo. Reflexiono sobre ello y eso quizá derive en que ciertos aspectos se explicitan en mis obras mientras que en las de otros autores simplemente están presentes. La vida es una sucesión de instantes y el arte es una sucesión de instantes de recepción.
 

P: ¿Se considera un pionero en el estudio de la interacción posible entre montajes electrónicos y creación literaria?
 

FN: Yo no me considero nada a este respecto y me daría igual hacerlo, porque los pioneros no son los primeros, sino los que lo hacen en el momento en que lo debería haber hecho el primero. A diferencia del de Emperador, el de pionero no es un título que se pueda uno autoimponer. He leído referencias que me situaban como tal, si es lo que quiere saber. Sin embargo, siempre estaré más orgulloso de aquello de lo que he sido el último que de lo que simplemente he sido el primero.
 

 
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