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 NÚMERO 2002-II
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NÚMERO 2002-II: ENSAYO  
REVISTA PARA HETERODOXOS — RpH
ISSN: 1697-2074 Número 2002-II. Mayo-agosto del 2002
http://www.heterodoxos.org/2002-ii/ensayo/pm.8+1_motivos.html
Gili el que lo lea
Tonto el que lo lea
 Paul M.: "Una luna"
Tonto el que lo lea
PAUL M.:
“8+1 motivos en favor de mi sexo”
 

Los gritos no sirven de nada. Ya lo digo por experiencia y nadie me puede echar en cara el no haberlo intentado de todos los modos que se me han ido ocurriendo.
 

Mi mayor derrota, como suele pasar, fue de puertas para dentro. Mi familia, vamos. Ellos no me hicieron ningún daño físico ni de ningún otro tipo, a excepción de mostrarme que estaba condenado a luchar hasta la muerte en una guerra que iba a perder irremediablemente.
 

Tampoco fueron los primeros. Los primeros fueron los amigos y Lara, de los que aún no he olvidado todos los recuerdos buenos, pero ya casi nunca siento ganas de estar con ellos.
 

Uno no puede odiar a todo el mundo, me decía mi padre; quizás por eso interpreto mi odio últimamente como dirigido hacia mí mismo. Pero guerreo, todavía guerreo.
 

Por eso me he decidido a escribirle a Manuel todos los motivos que se me ocurran en favor de mi sexo, después de dejarme alabar por él durante un buen rato como si yo no supiera que no soy capaz de escribir ni la mitad de bien que ellos, que se dedican a eso. Pero sí tiene razón en que de esto muchos piensan y pocos escriben, y que él no es el más indicado para hacerlo. Además, para qué negarlo, a Manuel no le puedo negar nada.
 

Digo esto porque no soy del todo idiota, que sé que no voy a convencer a nadie que no esté ya convencido. Y no tengo nada que perder, y habrá quien lo tenga que ganar.
 

El primer motivo que se me ocurre ahora (será por algo) es el de las manos. Hay quien dice que es una obsesión mía, pero qué hay mejor que las manos tirando de la cintura? No las desprecio en ningún otro contexto, pero las prefiero agarrando fuerte mi cintura. Así es fácil sentirse protegido y hay pocas veces en un día en que uno pueda agachar la cabeza y olvidarse del exterior como si nada. Esas veces me las traen las manos en mi cintura.
 

Por cierto que no me gustan las manos demasiado grandes porque se desproporcionan con mi cuerpo. Ni muy pequeñas, por otras causas.
 

Un segundo motivo sería la distancia. Sé que este motivo no es tan exclusivo mío. Es la postura ideal para decidir cuánto te quieres ver envuelto y apretado. Hay días en que me apetece que sí y me dejo envolver con los brazos. Otros prefiero un poco más de soledad, y es tan fácil lograrla como estirar un poco la columna y viajar pensando en lo que sea. Para "viajar", yo utilizo la luz de las bombillas, que no me dejan ver nada más que brillos y me desactivan la mirada.
 

Es mejor para mí la luz encendida que estar a oscuras, porque a oscuras muchos de estos motivos pierden sentido. Uno que lo pierde es el de la perspectiva. Porque colocado así es más fácil ver lo que se quiere. Agachando la cabeza veo mi propio pene, empalmándose progresivamente, y tras él mis piernas y las de mi acompañante, que en esta postura están obligatoriamente tensas y con los músculos, si los hay, duros.
 

También es fácil erguirse un tanto y analizar a placer las cosas de la habitación para imaginar cómo es la vida allí a otras horas.
 

Sé que me estoy saltando motivos porque siempre estoy tratando la misma postura y me doy el papel que llaman
pasivo.
 

He probado bastantes más posibilidades y esta no fue de las primeras. En parte porque me recordaba los calificativos que algunas personas dan a estas "prácticas", que siempren las relacionan con esta posición. Que te den, dicen como satisfechos.
 

Reconozco que ahora los preámbulos los adelanto a bastante antes del momento, ya sea durante las comidas, mientras se ve una película, en un local o donde sea. Y estos preámbulos son sutiles más que otra cosa, reducidos a algunas formas de mirar, a algún toque que recuerda involuntariamente a una cadena de toques. Apenas bebo y no fumo casi, pero el modo de hacerlo también es preámbulo para mí.
 

En cuanto a lo de ser el pasivo, aquí va otro motivo: en este sexo no hay pasivo. Incluso tienes más movilidad con los cuatro puntos de apoyo que el que está sólo con dos, y enganchado, porque en realidad tú eres el que diriges el ritmo.
 

El motivo con el que he coincidido con más gente es con el del conocimiento de la persona. Se puede estar con alguien varias semanas, realizar con él todo tipo de aventuras y relaciones, pero es aquí donde uno sabe cómo es el otro con apenas haber empezado. No creo que haga la más mínima falta de explicar la razón, ya que en esto estamos casi todos de acuerdo.
 

El motivo más obvio es el de que facilita hacerlo en cualquier sitio. Llevo seis motivos y este es un poco de perogrullo, pero me ha venido por lo de la fiesta del jueves. Jugamos al final -que fue el principio- a enumerar todos los lugares probados por los asistentes y salió una lista enorme que fueron escribiendo y que vete a saber si no tirarían al terminar el juego. No recuerdo el número, pero había seguro más de cien posibilidades probadas y recomendadas, algunas de no muy buen gusto y otras que nos hicieron desear que terminara todo para experimentarlas. Envidio con pasión a las personas imaginativas.
 

Un motivo que señalaría cualquiera, pero yo no, es que la postura facilita que el compañero te pueda agarrar el pene mientras él penetra, y se puede llegar más o menos a sincronizar los orgasmos. Sin embargo, por lo puesto como primer motivo, para mí esto es un engorro más que otra cosa: la sincronización no me obsesiona y me suele costar trabajo convencer al otro de que es mejor que mantenga las manos semiquietas en la cintura.
 

Voy a ir terminando con un motivo que para mí es importante, pero que no agota todos los que habrá y que en este momento no se me vienen a la cabeza. Si en lugar de otro hay otros, la ventaja es muy obvia porque da mucha libertad a los dos participantes de los que partíamos para aceptar a, sin ningún tipo de contorsión, cuatro más. Con cinco es más que posible, pero con seis uno pierde un poco la conciencia de los distintos ritmos.
Tengo entendido que en las relaciones heterosexuales el número mágico de esta postura también es el cinco.
 

Bueno, y ya termino así, porque la enumeración me parece que es inacabable y cualquiera la puede seguir saboreando por su cuenta.
 

¡Un último motivo! La edad no es problema porque los esfuerzos se comparten plenamente. Sí sería aconsejable
estar sobre una superficie blanda.
 

 
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