Gili el que lo lea
NO TE LO CREES NI TÚ
 
 » Portada general
 » Grupo Pecocer
Presentación
 » Exposiciones
 » Documentos
 » RpH
Último número
Números anteriores
Perfil de los autores
Últimas novedades
En desarrollo
 » Índices
Índice de autores
Índice de títulos
 » Manifiestos
 NÚMERO 2003-I
Querido lector
Reportaje
Creación
Ensayo
Avulón
Vitrina
NÚMERO 2003-I: CREACIÓN  
REVISTA PARA HETERODOXOS — RpH
ISSN: 1697-2074 Número 2003-I. Enero-abril del 2003
http://www.heterodoxos.org/2003-i/creacion/fn.nino_feo.html
Gili el que lo lea
Tonto el que lo lea
 Frederik Nikolaj: "Cuentos de miedo"
Tonto el que lo lea
FREDERIK NIKOLAJ:
“El niño feo”
 
Título original: Mein mordshässliches Kind
Numerado en
Cuentos del demonio como XCII.
Traducción del original en alemán: Manuel Alcántara Plá
Ilustraciones de la serie
Miedo de Raúl Guerrero Prieto.
Tonto el que lo lea.

La madre procuraba no oirle...

 

"Mira que eres feo", le decía cada mañana su mamá y el bebé la miraba sonriendo, alegre sin poder evitarlo de escuchar una voz tan conocida. A las visitas (muy al principio, cuando todavía había visitas) les decía lo mismo: "¿A que es feo el condenao?".
 

No debió ser ni más feo ni más bonito que cualquier otro recién nacido, pero lo cierto es que su madre no estaba satisfecha con la obra realizada Quizá se debiera a lo del padre de la criatura, un pobre desgraciado al que le dio por morirse tres meses antes del nacimiento. "¿A que ha sido una muerte tonta?" Sí, bastante tonta. Traía la comida andando (el sueldo nunca les había dado para un auto) cuando la rueda de un coche (que él andaría admirando al pasar, eso seguro) pilló de mala forma una chinita que salió disparada en la dirección más trágica que podía haber tomado.
 

La esposa no pareció afectarse demasiado, hasta que nació el niño. Pero quizá su comportamiento no tuviera nada que ver con esta prehistoria... Es lo único extraño que sabemos, y lo contamos.
 

El caso es que el niño se convenció pronto (en cuanto supo escuchar) de que su madre, la persona que más lo iba a amar en su vida, tenía razón con lo de su fealdad. Y apenas se apuró un año desde su convencimiento hasta su afeamiento real.
 

Su mal humor, sus discusiones interminables ante los espejos. Porque había un espejo cuadrado en el pasillo que llevaba al diminuto comedor en que él podía estar horas enteras amenazándose a sí mismo, luchando contra sí. Y, mientras tanto, la madre procuraba no oirle y le repetía a la vajilla, a los muebles y, sobre todo, a la foto del difunto "¿a que está loco el niño?"
 

Espejos

 

 
   Copia para imprimir    Perfil del autor    Perfil del traductor
Tonto el que lo lea.

© Revista para heterodoxos — RpH     
© Todos los derechos reservados a los respectivos autores     
Escribir a la redacción