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| REVISTA PARA HETERODOXOS — RpH |
| ISSN: 1697-2074 |
Número 2003-I. Enero-abril del 2003 |
| http://www.heterodoxos.org/2003-i/querido_lector.es.html |
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| Gili el que lo lea |
| Tonto el que lo lea |
QUERIDO LECTOR:
“Demanda de guerra y de petróleo”
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ετεροδοξος | Berlín / Madrid / Brno
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Querido lector:
Sepa usted que es sinceramente bienvenido al número 2003-I de Revista para heterodoxos.
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El primero de enero, además del primer día del año según el calendario cristiano occidental, es el día de apertura de este nuevo número, que permanecerá en desarrollo hasta el final del mes de abril. Para entonces, tal vez tengamos ya que lamentar el encontrarnos envueltos en una guerra por el control de las reservas petrolíferas de oriente próximo; tal vez, para entonces, sigamos perdidos en un cuadro más de la pantomima que el conglomerado de intereses económicos autodenominado "occidente" representa para revestir su voracidad de apariencia humanitario-moral.
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Entretanto, los electores de Alemania y de Suecia han elegido gobiernos socialdemócratas. Suecia prefiere, con ello, seguir confiando en la viabilidad de su modelo capitalista con fuerte intervención pública que la ha llevado a ser uno de los estados con mayores niveles de bienestar y menores diferencias sociales del mundo, junto con Finlandia. Alemania sigue seducida por el carisma del antes tan cuestionado candidato socialdemócrata, así como por el del máximo dirigente del partido ecopacifista con el que gobierna en coalición. Desde las elecciones, han mantenido públicamente su postura de no apoyar una guerra como la que se anuncia contra Iraq, si bien juegan a la confusión garantizando a los ejércitos agresores el uso de bases militares y apoyo logístico en Europa y el Golfo Pérsico. En todo caso, los que hoy se oponen a esta guerra son los mismos que apoyaron la decisión de atacar Serbia y Montenegro hasta destruir su tejido económico-industrial y garantizarse la caída del régimen hostil. Todo ello pese a que había en marcha alternativas que satisfacían a todas las partes y que no incluían la muerte de personas bajo disparos de ningún cuerpo armado propio ni extraño.
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EE.UU., que sigue dando palos de ciego movido no se sabe muy bien por qué directrices (si bien siempre aparecen detrás grandes corporaciones industriales), acentúa su dialéctica bipolar de con nosotros o contra nosotros con gestos como negar la enhorabuena por la victoria electoral al nuevo presidente alemán. Tal vez, cuando finalice la guerra contra Iraq, Alemania se convierta en objetivo militar hasta conseguir derrocar a un régimen que se niega a acatar las órdenes.
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Pero no parece muy probable, dado que Alemania no tiene petróleo. Una vez colocado al frente de Afganistán un antiguo consejero de la empresa estadounidense que negoció para el gobierno con los mismísimos talibanes la contrucción de un oleoducto (negocio que los talibanes rechazaron y que volvió a arrancar el mismo día que cayó su régimen), la conquista de Iraq y la implantación de otro gobierno títere garantizaría las reservas que un país que se niega a reducir su dependencia de los combustibles de combustión necesitaría durante varias décadas. A su vez, ello reduciría considerablemente su dependencia de otros países no siempre dóciles como puedan ser Venezuela o Arabia Saudí, y evita tener que depender en un futuro de un tradicional antagonista como Rusia, cuya influencia en la región además desplazaría para siempre.
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El petróleo es también la razón de la reapertura de relaciones diplomáticas con un país que EE.UU. abandonó por falta de interés económico: Guinea Ecuatorial, sometida bajo el poder de un dictador salvaje continuamente (y sin resultado) presionado por las potencias europeas, ha encontrado en sus aguas territoriales importantes yacimientos. Un régimen totalitario, agresivo y terrorífico como el guineano es súbitamente reconocido y apoyado por EE.UU., defensor del bien, la justicia y la democracia. Como en otros tiempos, por otros motivos, sucedió en Cuba, España, Argentina, Chile o Nicaragua.
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Y el petróleo es también, desde mitad de noviembre, causa de sufrimiento para otro pueblo: el de la costa noroccidental de España. El hundimiento de un petrolero frente a la costa y el derramamiento de su contenido ha causado la peor marea negra de la historia del continente, y sus efectos visibles tal vez lleguen a extenderse a toda la costa norte ibérica y a la costa occidental francesa; los efectos invisibles se extenderán años y tal vez algunos perdurarán para siempre. Y a la impotencia del pueblo que veía sus costas llenarse de piche ha habido que sumar la lamentable gestión pública: los gobiernos central y regional, intentando no verse salpicados por las manchas, han ocultado primero y minimizado después la verdad de lo ocurrido, negándose a tomar medidas imprescindibles y actuando siempre solamente siguiendo la estela de la población.
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Y América de nuevo tiembla. Curiosamente, por el país petrolero de la región: Venezuela. El país, sumido en el caos de la huelga general que pretende la salida del presidente constitucional, parece caminar en un precario equilibrio entre la protesta civil y la guerra. Brasil, su gran vecino del sur, mientras, lleno de esperanza él mismo y llenando de esperanza a medio mundo, ha elegido a un nuevo presidente; tal vez el único en toda la historia que ha centrado su campaña electoral en un objetivo tan sencillo a los ojos de la gente como conseguir que todos los ciudadanos de su estado coman tres veces al día. El hecho de que la atención del fiero occidente esté centrada en sus guerras del petróleo tal vez le sirvan para desarrollar sus planes sin interferencias.
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Y cabe lamentarse, cabe gritar, quejarse. Pero no sirve de nada. Si hemos aceptado renunciar a la utopía, si hemos aceptado que el mercado rija nuestras vidas, el poder, el único poder en ese contexto, lo tienen los ciudadanos, la masa de consumidores, la masa de compradores a los que se vende el petróleo; la masa de compradores que ya alguna vez ha conseguido doblegar a la que se pensaba todopoderosa Shell. Si va a haber una guerra, es porque existe demanda de guerra en los países agresores; si hay marea negra, es porque en las playas afectadas se demanda ese petróleo. Pero es cómodo elegir representantes cada cuatro años para echarles la culpa de nuestros gustos de consumo. Tranquilidad, pues, consumidor: disfrute sentado del número 2003-I de Revista para heterodoxos que queda, desde este primero de enero, abierto.
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| Tonto el que lo lea.
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