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SOLDADO: TÚ disparas; TÚ asesinas
 
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 NÚMERO 2003-II
Querido lector
Entrevista
Creación
Avulón
Vitrina
NÚMERO 2003-II: CREACIÓN  
REVISTA PARA HETERODOXOS — RpH
ISSN: 1697-2074 Número 2003-II. Mayo-agosto del 2003
http://www.heterodoxos.org/2003-ii/creacion/ls.dediche.es.html
Gili el que lo lea
Tonto el que lo lea
LUCA SILVANI:
“Dedicatorias”
 
Cuento inédito.
Título original italiano: Dediche.
Traducción al español: Emilio Batista Barcón.
Tonto el que lo lea.

Hubo un tiempo en que mi sobrina perseguía denodadamente a su escritor favorito. Acudía sin falta a todos sus actos, a todas sus presentaciones de libros, y a todas se llevaba alguna de sus novelas para que se la firmara. El novelista en cuestión tenía ya una edad que le hacía tener una cierta trayectoria a sus espaldas. Pero como nada es infinito en este mundo menos el tesón de mi sobrina, llegó un momento en que tenía toda, absolutamente toda su obra firmada y dedicada. Cuando anunciaron el siguiente acto del novelista, al que no tenía nada que llevar para que le dedicara, mi sobrina, después de varias escenas de llanto y desesperación, decidió solucionar el problema escribiendo ella misma la siguiente nueva novela de su ídolo. Cuando se la presentó para que se la firmara, hubo un primer instante de estupefacción e incertidumbre mutua, pero el novelista, finalmente, tomó su nueva novela escrita por mi sobrina y se la dedicó, con todo cariño, e incluso se permitió una caricia en la mejilla, pero qué guapa te estás poniendo, nena. El éxito de público fue inmediato. La crítica internacional manifestaba su común acuerdo en torno a las cotas excepcionales de calidad de la nueva novela, y los actos públicos se multiplicaban. Mi sobrina, atareadísima, acudía a todos ellos, y a cada uno con la siguiente novela del escritor recién escrita bajo el brazo, cada una de ellas superior, si cabe, a la anterior, de acuerdo con la opinión cuasiinfalible de la crítica. Se sucedían los homenajes, se aceleraban las traducciones, cundía el asombro por la capacidad productiva del novelista. Llegaron incluso el premio Príncipe de Asturias y el del Círculo de los Innobles de la Ciudad de Quito. Así las cosas, un buen día, presa del desasosiego, hubo de confesar públicamente señoras, señores, en realidad quien escribe mis novelas es aquella señorita de ahí. Pero qué sentido del humor, pero qué cosas tiene este hombre, y todo eran risas, aplausos y jolgorio. Al final del acto, mi sobrina se acercó tímidamente al novelista, con una sonrisa tierna, y sacó del bolsillo su siguiente nueva última novela para pedirle una dedicatoria.
 

 
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