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Cuando más me gusta es cuando se me acerca mucho, sin nada por en medio, y cuando no pone focos. Es como si me estuviera pegando. Me dice haz esto, haz lo otro, ponte así, la cabeza así. Serio, muy serio, y yo obedezco, hay que obedecer. Es así. Cuando saca la cámara del trípode siempre me entran ganas, no lo puedo evitar. Y a él también le gusta. Me da lo que quiero, el Marc. Yo no sé si está bien o no, sólo no me importa demasiado, tengo lo que necesito y ya está, y siempre que me hace falta un poquito, pues no tengo problema, sólo hace falta pedírselo. Es un terrón de azúcar. Es un blando. Cuando le llamo al ático y le digo que soy yo, no pregunta más, abre, y yo subo. Y le doy un beso en la puerta, y eso le excita, y se lo noto. Aunque no se me acerque. Se le ve en los ojos, como con las fotos, porque también tiene una cara transparente. Siempre me empiezo a desnudar un poco, para que me mire. Además me entra calor. Y me dice que está en el baño, y que tenga mucho cuidado. Me lo dice siempre, como si no supiera ya dónde lo tiene. Y se le pone la carita tierna, el pobre. Además me desnudo porque ya me entra el calor por la piel, un calor como un olor seco, de leña, dulce. Y me entra calor porque dentro de muy poco me va a estar tocando la espalda. Le dejo las bragas para que me las quite él. Me gusta. Tumbada boca abajo, con los brazos debajo de la cara. Cuando estoy un poco puesta, es como si las caricias fueran latigazos de calor, como si no pesara, como si tuviera la cama dentro de la cabeza. No le gusta usar condones, pero me da igual. Yo no pienso. Y punto. Además, el Marc. Además no estoy para pensar en esos detalles, la verdad es esa, que ni lo pienso. Con el calor, que me parece que ardo, y que todo me arde cuando me empieza a abrir así con la mano, las piernas, y cuando me toca, y ahí ya dejo lo que quiera. Total, a mí no me duele, y es como si me atravesara entera, pero sin que me duela, sólo como si no fuera sólo ahí, sino en todo el cuerpo a la vez, en la boca, y en la cara, y en los ojos, y en el pelo, y en toda la cabeza, con fuerza. Yo sé que a lo mejor no está bien, pero es que lo necesito. Sobre todo desde que pasó lo del Jordi. Se lo habíamos dicho todos, que tuviera cuidado. A él sí que le haría falta alguien como el Marc, que le dijera que tuviera cuidado, pero todo el rato, y de verdad, porque no es lo mismo cuando te lo dicen unos que cuando te lo dicen otros. Sigo pensando en él, el pequeñín, y su barbita, que parecía que había nacido ya con barbita de diez días. No sé qué haría él en casa del Marc. No se lo pregunté. Es como si de eso no se hablara. Y punto. A veces me lo imagino como a mí, sentado con cara de gilipollas en el váter del baño del ático. Y me lo imagino mirándose al espejo con los ojos rojos, llorosos, como si le hubieran pegado una paliza. Eso también me excita. Me miro al espejo, y me veo las tetas. Tengo unas tetas bonitas. No son grandes, son bonitas. Sé que les gustan, a los tíos. Tú también me lo has dicho, que te lo decían los amigos de tu hermano cuando les preguntabas cuando te acostabas con ellos. Yo no sé si soy pálida. Pero me gusta ser rubia y tener los pezones marrón claro, y el pelo como el de la cabeza, pero un poco más oscuro y más duro. Me excita verme en el espejo. Y mientras espero a que se hinchen bien las venas juego con la aguja, y me la paso por la tripa, por el ombligo, y subo, y bajo, y la paso por debajo de una teta, y por la otra. Un día me pinché en una. No sé , una gilipollez, pero me salió. Dolía, y luego no sé qué me hice, que me sangró mucho. El Marc me gritó, me decía que era gilipollas, pero ese día sí que me dio igual todo. No sé qué hicimos después, porque me puse muy tonta y no me acuerdo de nada. Por la mañana o yo qué sé cuándo era, tenía una costra gorda y negra en el pinchazo y se veía una manchita morada por el camino de la aguja. Soy una bruta. Y el Marc debía de haberse puesto hecho una fiera, me dejó como agujetas en todas partes, como si fuera virgen o algo así. Y cuando luego me entran ganas de ir al baño entonces sí que no me gusta, es un pesado, viene con la cámara, pero no tengo fuerza para decirle que me deje, que se vaya a la mierda. O cuando tengo ganas de devolver, y se pone a mi lado, que no entiendo cómo le puede gustar, verme ahí desnuda, hecha un trapo, toda manchada, medio caída encima de la taza, echando esa mierda que no sé de dónde me puede salir. Odio cuando se me mancha el pelo, y cuando se me cae la baba y se me resbala por la boca y por el cuello, como si fuera una niña tonta que no sabe emborracharse. Esas mañanas apestan, y me siento sucia, y odio a Marc, como si él tuviera la culpa, y me da asco haberme acostado con él y quiero escupir porque es como si notara que tengo su lengua metida en la boca, y tengo ganas como de escupir el cuerpo entero, todo lo de dentro, todo, la saliva y todo lo de su cuerpo que me mete dentro, y es como si notara que me tocan sus dedos por todo el cuerpo a la vez y que se me meten por todas partes, y necesito ducharme con agua muy caliente y después necesito una copa de algo fuerte para poder relajarme. Odio ponerme nerviosa. Y Marc lo sabe. Y me deja un poco en paz, a veces se va a dar un paseo y luego me trae alguna revista cuando sube, para que me distraiga, y luego me da un poco para que me lleve, para un par de días o así, y me dice que me cuide, como si fuera mi padre. Ya sé que es un guarro, pero le quiero un poco. Y esos días sabe dejarme en paz, y siempre tiene ginebra buena. No como con Jordi, que se empeñaba en hacerse el tierno y me ponía más nerviosa, o como con el cabrón aquel de amigo tuyo, ¿te acuerdas?, el Lluís, que se pensaba que nos tenía locas. Y es verdad, era una fiera, y el olor fuerte que tenía, y te ponías debajo y te dejabas y era como hacerlo con tres tíos a la vez. Yo sé que al Jordi no le gustaba. Pero qué iba a hacer, el pobre. Además, como él no iba con otras chicas. Yo no le preguntaba, pero sé que no le gustaba. Con esos ojitos que tenía. Y te miraba como un ratón al volver, y te lo notaba todo. No me lo imagino con el Marc. Me parece grotesco. No me gusta imaginármelo. La verdad es que sólo me gusta imaginarme a tu hermano, con esos muslos bonitos y morenos y casi sin pelos, cuando le veíamos en la piscina, mojado, con el bañador pegado a la piel, y cuando me lo imagino, además, me lo imagino como si lo estuviera haciendo con él mismo, como si el otro chico fuera también él, con los músculos brillantes de los brazos, agachado, apretando los dientes y cerrando los ojos con cada empujón. Me gusta imaginármelo, a veces me paso siglos, me calma. Como el agua de la ducha, abierta fuerte, caliente. Me paso el chorro por todo el cuerpo, por la frente, los ojos, y el Marc se enfada, porque dice que tardo mucho y que si quiero pasarme el día en la ducha que me quede en mi casa, y tiene razón, pero tampoco tiene por qué ponerse nervioso, porque en el fondo a mí me calma, y eso está bien. Es como cuando tardo mucho en meterme, que se pone también nervioso. Y cuando por fin salgo del baño, tiene cara de pez, el pobre, y tiene los ojos tan morados como mi boca, que se me pone violeta, como los caramelos. Luego me muerde y yo me imagino que me rompo en cristalitos, como los caramelos. Pero a veces lo hace tan fuerte que por la mañana tengo cortes en los labios. Aunque no me importa. No me duele. Una vez también le mordí yo. Me lo pidió para una foto, y yo, no sé por qué, le mordí. No demasiado fuerte, pero supongo que se asustó. Era sólo una broma, pero se dio un susto. El pobre. Tu amigo el Lluís me habría dado una paliza. Y punto. Pero él se fue corriendo, como una niña, como un gallina, y estaba llorando, y le daba vergüenza que le viera. Se le había quedado todo chiquito, y las marcas de los dientes se le veían deformadas. No sé por qué se lo mordí, el Marc, así, todo blancuzco, con ese pelo como sucio que tiene por el pecho y por la tripa, en cambio lo tiene bonito. Sobre todo el glande. Yo nunca he visto un glande tan bonito como el del Marc. Me imagino el de tu hermano, todo rosa cuando se penetra a sí mismo. Pero el del Marc es liso y brillante, como si fuera la piel de un zapato, que la rozas despacito con la uña y te fijas en cómo se va borrando la marca. A mí me gusta tocárselo. A veces, cuando se queda dormido y a mí se me despeja un poco la cabeza y me vuelvo a despertar, le destapo despacio y me quedo mirándoselo, pero cuando se lo toco se depierta y luego se queda ya de mal humor. Eso lo odio. Con las fotos es distinto, entonces sí que me deja. A mí no me importa hacer lo que me diga. En el fondo, él me da lo que le pido, y eso está bien. Y es que yo sé que soy guapa. Me gusta. El Jordi me lo decía. El Marc nunca dice nada, pero yo sé que le excito. Una vez, en la terraza, me dijo quédate así, espera, y dejó la cámara y se me acercó y me cogió del pelo, y yo le dije que así no me gustaba. Se enfadó, pero yo creo que no era de verdad, que se enfadó para que yo le dejara, y yo le dejé porque además en el fondo a mí me da igual. Y entró y me vendó los ojos y luego me ató a una silla, y cuando me quejaba le gustaba. A mí me hacía un poco de daño, pero si a él le gustaba. Después me dolía en algunos sitios y estaba muy cansada, y tenía algunos morados y me había raspado las rodillas, porque el suelo de la terraza es como rasposo. Me dijo si me quería quedar a dormir, y yo me levanté y me fui a la cama. Luego me trajo un vaso de algo, o de ginebra o así, y me lo dio él porque yo tenía las manos dormidas todavía. Se me quedó toda la marca de la cuerda, y en la cara, porque tengo la piel muy blanca. Y me picaba toda la espalda porque me quemé un poco. Cuando me desperté después, ya se había hecho de noche, y me puse a llorar. No sé, me salió. Y el Marc se enfadó otra vez, y me pegó. Es un bruto. Yo sé que es un bruto, pero me cuida, y además creo que le quiero. Por lo menos un poco. Y además no me importa. Y punto. Aunque no tenía por qué enfadarse, porque además yo le gusto y le dejo que haga lo que quiera. Como otro día que se enfadó mucho, porque yo fui y le llamé pero me dijo que no podía subir. Y como yo no tenía dónde ir y no sabía qué hacer, pues me quedé allí sentada, y además me estaba poniendo un poco nerviosa. Odio cuando me pongo nerviosa. Me da frío. No me gusta. Y entré al final, porque salió una vecina viejita y entré y subí, y salió a abrir y me gritó y no me dejó entrar. Se me puso a decir cosas, yonqui de mierda, puta, y además yo no soy una yonqui y no me gustó que me lo dijera. Me dijo que me quedara ahí, que ahora salía, pero yo entré, porque no sé qué más le daba. Y cuando entré había una chiquilla tirada en el suelo, y estaba atada al radiador, y tenía los ojos muy hinchados, y tenía en la cara como sangre. Era muy bonita. Tenía las tetas muy bonitas. Cuando yo era así de joven aún no tenía las tetas tan grandes. Yo creo que al Marc le debía excitar mucho, porque conmigo nunca lo hemos hecho así. Pero el Marc se enfadó mucho cuando salió con lo mío y me vio ahí mirándola, y me gritaba cosas, y me lo dio y me empujó fuera y me caí. Luego volvió a abrir y me tiró dinero y me dijo que me callara y que no me quería ver en todo el mes. Pero yo qué iba a decir. Si a mí no me importa, porque además yo no sé si está bien, pero a él le gusta. Y punto. Yo sé que era mentira, que no quería que no fuera en tanto tiempo, pero no volví hasta tres o cuatro días después, o no sé, porque además me había dado dinero. Y me iba al Andaluz, ¿te acuerdas? Me lo presentaste tú un día. Yo sé que le excito, y a veces se acuesta conmigo y luego me da dinero, y eso está bien. Es un chico tierno. Me gusta. Y yo le gusto, porque me lo dice, y me dice que me vaya con él y que lo deje todo y me ponga en el bar con él. Pero yo no quiero irme con él, y además no tengo que dejar nada. No sé por qué me lo dice, no tiene por qué decírmelo. Al Marc no le gusta. Con el Jordi iba al Andaluz, pero después ya no le gusta, y le mira mal, y luego hace como si estuviera enfadado. Yo al Marc creo que no le excito como la chiquilla aquella, y no sé por qué. Conmigo nunca lo ha hecho así. O a lo mejor es porque ya no soy tan joven como antes y ya no tengo las caderas de chiquilla. Porque yo también tengo las tetas bonitas, y a los tíos y a los amigos de tu hermano les gustan. Y además soy rubia. Y el Jordi me lo decía, que le gustaba mucho, que era guapa, por eso sé que soy guapa. Al Jordi había que cuidarle más. Y cuando se quitaba las gafas era ya como cuando estaba desnudo, todo flaquito. A mí no me gustaba que me viera después del Marc, por si tenía marcas o algo. Y le entraba rabia y luego a veces yo notaba que como que lloraba como con rabia cuando nos poníamos a hacerlo. A mí así no me gustaba acostarme con él, y además me daba miedo que se pusiera mal o algo, o que hiciera tonterías, porque además teníamos todo lo que me había dado el Marc. A mí me gustaba cuando estaba contento, y le bañaba. Y luego sí me gustaba. Yo al Jordi le quería un poco, me gustaba. Y eso estaba bien. Pienso mucho en él. Me acuerdo. No sé si eso es bueno. No sé si está bien. Si hubiera tenido alguien que le dijera que tuviera cuidado. Pero qué más da. Además ahora ya da igual. Y punto.
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