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| REVISTA PARA HETERODOXOS — RpH |
| ISSN: 1697-2074 |
Número 2003-II. Mayo-agosto del 2003 |
| http://www.heterodoxos.org/2003-ii/entrevista/le.html |
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| Gili el que lo lea |
| Tonto el que lo lea |
ENTREVISTA:
“Laura Esquivel: Se debe tener mucha responsabilidad como creador”
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Tanya Tynjälä | Helsinki
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Entrevista exclusiva de Tanya Tynälä con Laura Esquivel celebrada en Helsinki (Finlandia) la primavera del 2003.
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| Tonto el que lo lea. |
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Con motivo del estreno en finlandés de la obra de teatro basada en su libro cumbre, Como agua para chocolate, Laura Esquivel estuvo en Finlandia. Mujer muy sencilla a pesar de su popularidad, tiene muy claro cuáles son las prioridades de su vida. Quizá es por eso que entre un compromiso y otro se toma, gentilmente, todo el tiempo necesario para contestar algunas preguntas.
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Tanya Tynälä: ¿Cuáles fueron su primeras impresiones de Finlandia?
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Laura Esquivel: Me ha asombrado la cantidad de gente que habla el español. Estaba hoy en el sauna, platicando con una de las responsables del teatro, y dos señoras se unieron a la plática hablando en español. Uno se espera que en otro tipo de ambiente, editorial, periodístico, por supuesto que conocen tu idioma, pero estas eran personas comunes y corrientes. La hija de mi editora me contó también que en este momento en la universidad hay mucho interés en los jóvenes por aprender el español.
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TT: ¿Le parece entonces que hay, como se está diciendo, un auge de lo latinoamericano?
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LE: No podría hablar sobre lo que sucede en Finlandia, pues no conozco bien la situación, pero quizá pueda dar mi visión de este supuesto boom latinoamericano (sobre todo en lo que respecta a la mujer) en Estados Unidos, que es una cultura que conozco mejor. No estoy completamente de acuerdo, pues lo que está de moda corresponde a estereotipos que no se corresponden con la realidad. Por otro lado, en nuestros países hemos vivido la experiencia contraria cuando se nos ha impuesto un modelo de belleza: lo bello era estar delgado, casi anoréxico, tener ojos azules y ser rubio. Ahora en Estados Unidos lo que han descubierto es más bien un mercado latinoamericano, para películas y libros, etcétera. Debido a la cantidad impresionante de hispanohablantes que hay. Lo que les interesa más es llegar a ese mercado, pero no reflejar una cultura, no adentrarse en una cultura . Sólo les interesa la forma, y siempre y cuando esta forma no sea tan contraria a sus parámetros, pues, si vemos por ejemplo a los artistas de moda, estos no son realmente indígenas, son lo suficientemente mestizos como para ser aceptados. Por eso no siento que se esté reflejando una cultura. Otro ejemplo son las películas: siempre son temas americanos y desde su punto de vista y en dónde los latinoamericanos siempre representan papeles secundarios, no hay una verdadera propuesta latinoamericana.
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Lo que me parece en el caso de Finlandia es que sí hay un interés mayor por la cultura y no sólo por el estereotipo, pero no puedo decir mucho, pues no conozco lo suficiente como para opinar más.
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TT: ¿Cómo fue su experiencia con la ciencia ficción?
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LE: El segundo libro que escribí, La ley del amor, es un thriller metafísico, y, en su tiempo, fue la primera novela multimedia, pues llevaba incluidos un cómic y un disco compacto. Hay momentos en que la narración no se da con palabras, sino con imágenes y con música; es decir, que el lector sólo está escuchando o viendo las mismas imágenes que el protagonista. Ese fue un experimento que funcionó muy bien. Con esto yo quería que el lector encontrara otras maneras de entrar en el texto y comunicarse no sólo a través de la razón, que no sólo leyera racionalmente, sino que entrara en la historia con todo el cuerpo, con todos los sentidos.
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Para la gente fue una sorpresa, creo que ellos esperaban Como agua para chocolate 2, y yo salí con eso. Todo esto fue un obstáculo para el libro, pero, sin embargo, es un libro que yo quiero mucho, que me dejó mucho y al cual tengo especial cariño.
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TT: Al parecer, esa mezcla de mujer y ciencia ficción no es muy usual. Sobre todo en español, en que se sigue considerando a la ciencia ficción como sub-literatura, cuando en otros idiomas eso no sucede.
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LE: Mira, yo no soy académica y no me meto mucho en cuestiones de este tipo, pero lo que te puedo decir es que en general siempre tenemos una serie de prejuicios: cuando escribí el segundo libro, me dijeron que a la gente no le gusta leer sobre el futuro. En mi caso, por mi afán de darles valor a las cosas que la sociedad ha devaluado, me meto en problemas, y esto desde mi primer libro: Como agua para chocolate era una novela de entregas, y este género está de lo más devaluado. No se considera seria una novela de amor, y mucho menos si estás hablando de la cocina. En el segundo, justamente lo que me interesaba de la ciencia ficción es este carácter devaluado. En la tercera, lo que hago es analizar el proceso de la comunicación y la importancia del silencio en la comunicación. Al hacer mi investigación para este libro, descubrí que para los mayas el universo es una matriz de resonancia, y, si uno se conecta correctamente con el cordón umbilical del universo, uno recibe toda la información que necesita al instante. Este concepto somos capaces de entenderlo ahora gracias a otro concepto: la red. En el caso de los mayas, ellos, obviamente, no utilizaban computadoras, lo que utilizaban era el silencio. De esta manera, ellos eran capaces de comprender que todos somos una sola energía y que no es cierto que termino en mi cuerpo y que de mi cuerpo para afuera ya no soy; esto que tiene que ver con el ego. Uno es algo más que simple materia, esta materia no tiene límites. Todo esto eran capaces de comprender gracias al silencio. Creo que hubo un momento en que los seres humanos tenían la fortuna de que los ritmos diarios les permitían disfrutar del silencio. En las noches, se podía descansar, ver las estrellas, había silencio. Ahora, desde que hay luz, ya no se puede.
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TT: Pareciera que no aprueba la modernidad.
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LE: Yo soy muy crítica de la supuesta modernidad, pues ha alterado la paz interior, el ritmo de vida. Estamos en constante invasión de nuestra privacidad y ya no tenemos tiempo para esa conexión de la que eran capaces los mayas, para sentarse y en un instante saber todo. El materialismo extremo en que vivimos considera al ser humano sólo como una maquinaria de producción y de consumo. Como uno no es eso, se está en constante angustia, y creo que es por eso que el mal de nuestra época es la depresión. Inclusive el arte es tocado por esto. A mí me preocupa un poco que se está repitiendo en la industria editorial un fenómeno que sucede en el cine. Como la cinematografía es un industria, el que decide es el que tiene el dinero, de modo que el escritor del guión tiene muy poco margen de flexibilidad, debe hacer lo que desea el productor. Esto se está repitiendo en la industria editorial; no hasta el mismo extremo, pero sí cada vez más. El editor es el que decide, y muchas veces hasta impone, y, si el escritor no se ajusta a las normas, simplemente no se le publica. Y esto es aún peor en el caso de las mujeres.
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TT: Eso es lo que dice Mariella Salas en un artículo publicado en la red de escritoras latinoamericanas. La presión editorial separa a las escritoras en dos grupos: las light, que escriben cosas publicables, y las serias pero aburridas a las que nadie publica. Como agua para chocolate caería en el primer grupo. Sin embargo, Piscilla Gac-Artigas en un ensayo hace un análisis de la simbología de los personajes femeninos. Y esto nos lleva a la pregunta de siempre: ¿existe una literatura femenina?
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LE: Ese es un problema de críticos, eso no le importa mucho a las escritoras. Sin embargo, yo sí considero que existe una literatura femenina, pero con esto quiero decir que es un manera de ver el mundo, una forma de acercamiento, un manejo de temáticas que tengan que ver con espacios íntimos, con todo aquello que siempre se ha considerado femenino. Y esto no necesariamente tiene que ver con producción de mujeres, hay escritores hombres que considero escriben literatura femenina.
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En cuanto a la literatura pura en sí, yo creo que hay dos tipos: la incluyente y la excluyente. La primera fue escrita con una intención de comunicar, de establecer puentes, de que las palabras que estén allí rescaten la memoria de la tribu y se la devuelvan para que pueda ser usada nuevamente, pues pertenecen a todos, están cargadas de simbolismo y energía y están constantemente siendo recicladas.
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La segunda es la que escribe un grupito de gente que maneja un lenguaje para entendidos, con el cual sólo me van a entender los que están en el mismo Olimpo y dejo afuera a los demás. Considero que es una literatura egoísta, escrita para regodearse en el ego, para mostrar al mundo los conocimientos adquiridos. Siento que la palabra quizá pueda ganar mucho en cuanto a la experimentación con el lenguaje, pero no hay una verdadera comunicación. Además, los que escriben de esta manera excluyente no son capaces de valorar lo que escriben otros escritores, sólo ven el mundo como ellos son, no lo ven realmente como es. Yo me voy por la literatura que me incluye, en la que me reconozco, en la que encuentro palabras que me conectan con parte de mí. La otra la puedo respetar, pero no me conecto con ella. Puedo estudiarla y llegar a ella para eso, pero no por una necesidad espiritual.
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TT: Susana Reizs, tomando la idea de obsesión de coro del autor lírico de Bajtín, llega a la conclusión de que, mientras que el hombre pretende que su coro posible sea la humanidad entera, las mujeres apuntan hacia un verdadero coro, es decir, esa parte de la humanidad que comparte las mismas experiencias. Por eso se dice que a las mujeres les interesan más los temas intimistas. Pareciera ser que en estos temas las mujeres se desenvuelven mejor, y que, cuando un hombre escribe de manera intimista, en muchos casos se le pasa la mano y llegan a esta literatura excluyente de la que habla. Lo que cuentan es tan íntimo que muy pocos se identifican con ello.
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LE: Es que ahí hubo una desconexión. Cada palabra está cargada de memoria, pero, cuando se trata de quitarle la carga colectiva para hacerla individual, hay una desconexion, se rompe la cadena. He tenido una bonita y conmovedora experiencia con Como agua... En el país en que me encuentre, sea Japón o inclusive aquí, la gente me dice: "Cuando leí el libro, reviví la cocina de mi abuela." Y tú puedes preguntarte qué pueden saber en culturas tan distantes sobre este tema que aparentemente es tan latinoamericano. Es que hay una conexión con los orígenes, a través de la cocina.
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En el caso de la literatura, la conexión es tan grande que lo que se escribe altera al lector, las palabras leídas conectan con diversas experiencias. Es por eso que se debe ser muy responsable como creador. Hace dos años, escribí un ensayo sobre las emociones. Investigué diversos puntos de vista, descubrí que los científicos han llegado a la conclusión de que no hay separación entre razón y emoción. A partir de allí, propongo que hay emociones que sanan y otras que enferman. Luego hablo del poder que tiene la palabra y la imagen para generar emociones. Luego llego a la conclusión de que hay un tipo de arte, literatura, cine, etcétera, que sana y otro que enferma. Es por eso que es importante la responsabilidad del creador.
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| Tonto el que lo lea.
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