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Aproximándose ya a esa profunda altura de la calle, decide dar pesadez a su caliente paso, así que imprime un paso más ligero con sus fríos pies, que se tornan ya morados por el frío del calor que le da la ligereza. Continuando con la tónica general del frío viaje, recuerda la fórmula del peso, que supone que es P=mxa, aunque, a pesar de sus cálidos esfuerzos, no está seguro de que sea la correcta. No cree que sea el mejor momento de consultarlo con la almohada, de modo que continúa, siempre adelante y con la mirada alta y perdida, caminando fríamente en la dirección convenida. Hace frío. La temperatura roza el 0 Absoluto (unos 285 grados Kelvin aproximadamente). Abrigado hasta la nariz y con los pies cual cubito de helio líquido, con cinco dedos en cada uno, enfundados en sus respectivos y térmicos zapatos, se va aproximando, poco a poco, a su lugar de destino, frío y oscuro, caliente y ya abarrotado a estas horas. Los segundos pasan fríamente, pero no impiden que camine, con la cabeza alta y delgada como su madre, morena salada, pasa junto a ella, con su nueva imagen modernizada, sin ese mamotreto naranja encima, y de color dorado y blanco, que hacen que resulte caliente y acogedora. Poco después, tras cierto desnivel en el camino en forma de doble falla descendente hacia el centro caliente en forma de cálida fosa tectónica, como la luna, frío, muy frío de noche y muy cálido de día este satélite, que orbita dando la misma cara, fría y oscura, pesada y profunda, a la tierra, dando la vuelta completa cada 28 días. Así, entre cavilaciones y miradas perdidas en horizontes lejanos, arriba, casi sin darse cuenta, a la zona donde ha de doblar. Comienza el giro suavemente, pudiendo leer vaga y fríamente las cálidas letras que conforman la palabra "bar". Dobla, y allí se queda la esquina, que se queda atrás, poco a poco, lentamente, calientemente. Así se va, la esquina.
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