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Un romano vino con sus huéspedes desde el jardín
a la escalera que baja al Tíber
y levantó la mano.
Los sirvientes tiraron una vajilla de oro
lejos al agua azul.
El romano caminó en compañía de los amigos y portadores de antorchas.
A medianoche alzaron el vuelo los patos desde los juncales.
Los sirvientes recogieron las redes del río y se pusieron a gritar.
Pero este nombre ha muerto y no lo contamos.
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