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La mula recorre sin pasión
el camino que gira a las colinas,
pero detengo mi huida
sin girarme a mirar la Urbe,
donde las ruinas vienen derrumbándose
sin que arda ya el fuego,
me detengo en la sombra de los sepulcros de la vía,
dejo a la mula que me lleve
más allá de la última frontera
libre
todos los caminos hacia regiones que se abren
hacia puertos y ciudades de tiranos.
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