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| REVISTA PARA HETERODOXOS — RpH |
| ISSN: 1697-2074 |
Número 2005-I. Enero-abril del 2005 |
| http://www.heterodoxos.org/2005-i/ensayo/fah.experto_en_mi_mismo.html |
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| Gili el que lo lea |
| Tonto el que lo lea |
FERNANDO AMPUDIA DE HARO:
“Experto en mí mismo: Un apunte sobre la literatura de autoayuda”
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El ensayo toma como referencia la tesis doctoral del autor, la cual lleva por título La civilización del comportamiento: urbanidad y buenas maneras en España desde la Baja Edad Media hasta nuestros días (Departamento de Sociología I. Cambio Social, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad Complutense de Madrid). En ella, entre otras cosas, el autor realiza un análisis de varios manuales de autoayuda integrándolos en la secuencia de proceso civilizatorio tal y como lo describió Norbert Elias. Una síntesis de este análisis es la que aquí ofrece.
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| Tonto el que lo lea. |
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Estas líneas pretenden ser una posible respuesta al porqué de la autoayuda. Este género de publicaciones puebla librerías, secciones de libros en grandes superficies y bibliotecas. No es complicado toparse con ella y hasta podría decirse que, a poco que hagamos, terminará por salir a nuestro encuentro. Interesa por tanto el porqué de la misma; el porqué de su presencia; el porqué de su pujanza. No es ésta una cuestión de primera fila. Incluso pudiera parecer pura anécdota. Sin embargo, démosle vueltas a cuanto parece secundario, aunque sólo fuese por el gusto de remover lo falto de protagonismo, lo común o lo dado por hecho.
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¿QUÉ ES LA LITERATURA DE AUTOAYUDA?
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La literatura de autoayuda se desarrolla inicialmente en los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, aunque su momento de expansión definitiva se produce a partir de 1980. Sus antecedentes más inmediatos los encontramos en los 'best-seller' de orientación psicológica relativos al comportamiento sexual publicados a finales de los sesenta y durante los setenta que tenían en las revistas femeninas su correlato abreviado. Antecedentes lejanos en el tiempo los hallamos en los manuales de buenas maneras medievales, renacentistas, cortesanos o decimonónicos, pues, no en vano, la literatura de autoayuda -como se verá- también pretende como aquéllos encauzar y ahormar la conducta y las emociones de la persona. De este modo, la autoayuda se inscribe en una tradición de publicaciones que hacen de la autorregulación del comportamiento y los afectos su caballo de batalla. Si antes hubo otros, hoy son los libros de autoayuda los textos-guía de nuestro tiempo.
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El eje rector de la literatura de autoayuda es la persona que, desdoblada reflexivamente, se convierte en sujeto capaz de ayudar y en objeto susceptible de ser ayudado. Este es el presupuesto de partida. Según esto, el propósito de estas publicaciones es lograr que el lector adquiera rudimentos y herramientas que pueda aplicar a la consecución de su propio bienestar psíquico. Para dar cuenta de ese propósito se elaboran programas de actuación y gestión de la emocionalidad que suponen siempre un quehacer reflexivo de la persona sobre sí. Como quehacer reflexivo, se parte de un procedimiento inicial de auto-observación por el que se conmina a la persona a adquirir conciencia sobre su modo de actuar, sus sentimientos y sus sensaciones corporales. Junto a técnicas y recomendaciones conviven viñetas personales, testimonios de terceros o historias que actúan como ejemplificaciones que permiten al lector identificarse con situaciones similares a las que podría estar viviendo. Técnicas, recomendaciones y consejos no se formulan en términos imperativos o vinculantes; no se emplea el lenguaje del 'deber ser' sino que se presentan al lector, en tono condicional e hipotético, posibles cursos de acción y alternativas varias. Por ello, la voz del autor es calmada -no insta con urgencias al lector, se proponen tareas sencillas no excesivamente ambiciosas y orientadas a la consecución de pequeños logros-, personal -predomina el uso del "tú", se pretende crear un vínculo directo con el lector, con confesiones y experiencias propias de quien escribe - y autorizada -las recomendaciones se legitiman en razón del conocimiento y la cualificación pues muchos de los autores ejercen profesionalmente como médicos, psicólogos, terapeutas, psiquiatras o psicoanalistas. Y lo que es más importante, el autor tiende a dirigirse a cualquier tipo de persona al margen de consideraciones sociales, estatus, procedencia familiar o capacidad económica. Los temas que se abordan son variados si bien existen algunos ciertamente recurrentes: el concepto que cada cual posee de sí, las relaciones interpersonales, las circunstancias laborales, los contactos entre sexos, el amor, la amistad, la presentación en público, la muerte, la vejez o la enfermedad por citar sólo algunos de los más habituales.
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¿CUÁLES SON LOS CONTENIDOS DE LA LITERATURA DE AUTOAYUDA?
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Habrá que prescindir de matices en aras de una caracterización general que a la vez suponga una síntesis de cuanto pueda decir el género de la autoayuda. Con arreglo a esto, cabe apuntar que tales contenidos vienen a convergir en un punto: la administración reflexiva del comportamiento y las emociones en virtud de patrones que cada individuo determina para sí. Porque si hay algo que distinga a los contenidos de la autoayuda es el énfasis puesto en las potencialidades auto-administradoras de la persona así como la confianza depositada en ella como gestora intransferible de su propio yo. Son tareas ineludibles en pos de la felicidad entendida como amalgama de bienestar físico y psíquico. Y como son ineludibles, son también tareas que no se delegan a riesgo de incrementar el nivel de dependencia con respecto al prójimo. El individuo ha de quererse, respetarse y cuidarse alcanzando un autoconcepto que se exprese en función de sí mismo y nunca en términos de valoración por parte del otro. La valía personal no debe depositarse en otras manos que no sean las propias. Al cabo, lo que se pretende es que cada uno advenga en soberano de sí mismo. La libertad es la emancipación en relación al juicio ajeno; la culpabilización, un lastre que ata al individuo al pasado; la ansiedad, un fardo de cara al futuro. El moldeamiento de la subjetividad emprendido en pro de la felicidad remite constantemente a la toma de responsabilidad de la persona sobre sí y al libre ejercicio de su opcionalidad. Lo fundamental es que lo establecido a partir de la lectura de una obra de autoayuda resulte adecuado para uno mismo sin que ello implique que haya de ser 'exportable' a otras personas.
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Todos los argumentos empleados para el diseño de estos programas de auto-administración emocional y conductual son de naturaleza netamente psicológica. En general, tienden a inscribirse en una doble lógica, bien expresiva, bien utilitaria. Cuando es expresiva, dicha lógica argumental apunta al hecho de que cada individuo posee un núcleo original e incomparable de emociones que es preciso de desarrollar para alcanzar la plenitud. En este sentido, metáforas habituales son las de "crecimiento", "viaje" o "camino". Cuando es utilitaria, la lógica argumental alude a la necesidad de que cada uno satisfaga sus propios intereses en relación con los objetivos que se proponga. En este caso, se invoca la pertinencia de un "saludable egoísmo" o se recurre a interrogantes como "¿funciona esto para mí?" o "¿qué saco yo con este comportamiento?".
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¿POR QUÉ SE DEMANDA LITERATURA DE AUTOAYUDA?
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Es momento de hablar de las bases sociales de la autoayuda y para ello se hace preciso introducir el concepto foucaltiano de 'racionalidad política'. Las publicaciones de autoayuda son el trasunto conductual y emocional de una racionalidad política concreta: la denominada 'racionalidad neoliberal'. Por 'racionalidad política' se entiende el haz de objetivos -políticos, sociales, económicos, pedagógicos, espirituales, militares...- perseguidos en el ejercicio del poder así como los principios que respaldan la consecución de los mismos; principios -libertad, justicia, equidad, responsabilidad, prosperidad...- en nombre de los cuales se materializa dicho ejercicio. Cada variante de racionalidad política posee una concepción propia sobre la naturaleza de los individuos gobernados y asimismo articula objetivos, principios y dicha concepción según un vocabulario y un discurso particular.
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La racionalidad neoliberal, preponderante a partir de los años noventa, prescinde de la pretensión reguladora, planificadora y previsora del estado de bienestar apostando por economizar el ejercicio del poder. Este modelo de estado, institucionalmente gestado desde finales del siglo XIX y preponderante en el periodo que media entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la década de los noventa, se desarrolla al amparo de una racionalidad política 'welfarista'. Así, y con arreglo a esta racionalidad, el estado es el encargado de asegurar el pleno empleo, el progreso económico, el sistema de seguridad social, el acceso a la vivienda o las posibilidades educativas mediante el establecimiento y redistribución de impuestos y la acción inversora y planificadora estatal. Se trata de garantizar un marco de bienestar generalizado promocionando la igualdad de oportunidades, la responsabilidad y la socialización de riesgos. Empero, la racionalidad neoliberal plantea una serie de argumentos contrarios a tal concepción. Se arguye que el modelo de estado de bienestar coarta la iniciativa individual, que supone un modelo de ineficacia e ineficiencia, que traba el desarrollo del libre mercado, que tiende a una crisis fiscal congénita, que fomenta el asistencialismo y una cultura de la dependencia o que es improductivo en comparación con el dinamismo que suele mostrar la empresa privada. De este modo, la racionalidad neoliberal enfatiza la necesidad de que sean los propios individuos quienes aseguren para sí la provisión de determinados bienes y servicios. En términos prácticos, la racionalidad neoliberal comporta la paulatina privatización de los servicios de salud, educación, seguridad, pensiones, seguros... en general, bienes y servicios de los que ahora realizará acopio el individuo acudiendo al mercado para su adquisición. Con arreglo a esto, ¿cómo concibe la racionalidad neoliberal a los individuos que son objeto de gobierno? En consonancia con su intención de economizar el ejercicio del poder, lo que se pretende es que el individuo aporte la mayor cantidad de energía aplicada a su autogobierno, que sea personalmente autónomo para desarrollar un proyecto de vida optando racional y reflexivamente entre una amplia gama de opciones; que autogestione su individualidad.
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Se crean las condiciones necesarias para que sea la persona la encargada de garantizar su existencia material y psíquica. Por tanto; el individuo se responsabiliza de sí mismo en cualquier aspecto vital, gestiona su autonomía para reducir incertidumbres y asegurarse un futuro satisfactorio, invierte en su propia seguridad abasteciéndose en el mercado y desarrollando mecanismos de autovigilancia del comportamiento y la emocionalidad. Acude al mercado para proveerse de medios que satisfagan sus necesidades de seguridad: sistemas de vigilancia privada, tests de salud autoaplicables, dietas para el cuidado del cuerpo y por supuesto, publicaciones autoayuda. Al tiempo, el individuo afronta el continuo desafío que le plantea la 'política del riesgo', esto es, las sostenidas advertencias de dirigentes políticos acerca del fin de las provisiones estatales de seguridad y su exhortación a que cada cual se haga cargo de sí en lo material y lo espiritual. El individuo no ejercita su responsabilidad en calidad de ciudadano ni a través de relaciones de mutua interdependencia sino al cuidado de sí, privatizando la gestión de su proyecto de vida.
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EN CONCLUSIÓN
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La literatura de autoayuda es una de las herramientas que el mercado pone a disposición del individuo como fuente de sugerencias para el ejercicio de su responsabilidad y la adquisición de seguridad emocional. Del mismo modo, es una de las múltiples expresiones de una racionalidad política específica, la neoliberal, que invita al individuo a hacerse cargo de sí mismo. Y es que en última instancia, nadie más que uno mismo conoce lo que es y lo que desea para sí. Siendo así, la autoyuda no es más que una guía tras la que se sitúan algunos expertos que transmiten su pericia no exclusivamente al uso científico-técnico sino apelando también a su capacidad empática y comprensiva para con la subjetividad individual. No se escuchará de ellos que sus recomendaciones sean las únicas y definitivas. Tampoco recurrirán a la objetividad de la ciencia para garantizar la verdad de cuanto dicen. Al cabo y si esto fuese así, el individuo estaría remitiéndose a otros para gestionarse, circunstancia poco deseable si lo que se quiere es que cada cual emplee tiempo y esfuerzo en gobernarse a sí mismo. La voz del experto no es imperativa; se puede escuchar mas nada obliga a secundarla. Y es así porque a lo que debe aspirar el individuo es a saberse; aspirar, por qué no, a convertirse en el único experto de sí mismo.
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| Tonto el que lo lea.
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